No a la incineración de residuos peligrosos
 

La Argentina enfrenta un grave problema a causa de los enormes volúmenes de residuos peligrosos generados, en su mayor parte, por la industria. Las únicas respuestas dadas al tema por el gobierno estuvieron relacionadas con la instalación de las llamadas "plantas de tratamiento de residuos peligrosos". Sin embargo, esta respuesta no resulta satisfactoria: la experiencia internacional ha probado que no existen tratamientos que logren eliminar la peligrosidad de la mayor parte de estos residuos.

Al final de estos tratamientos, los residuos son enterrados o quemados y tarde o temprano pasan a contaminar el suelo, el aire o las aguas. La incineracion, entre esos caminos de "eliminación" de los residuos, también se presenta como "solución" para acabar con el problema de los residuos tóxicos y peligrosos.

Problemas

Sin embargo, la incineración origina nuevos problemas ambientales y riesgos para la salud debido a que los hornos liberan a través de las chimeneas y las cenizas otros contaminantes tales como metales pesados (mercurio, plomo, cromo, cadmio, etc.) y dioxinas. Estas persisten por décadas en el ambiente, se concentran en los tejidos grasos de los organismos vivos, y pueden alcanzar niveles perjudiciales para el hombre y otras especies. Existe creciente evidencia científica de que la exposición a dioxinas supone riesgos a la salud y puede provocar malformaciones congénitas, alteraciones en el sistema inmunológico, cambios en el funcionamiento hormonal y efectos en la reproducción. Las dioxinas, además, fueron clasificadas este año por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, dependiende de la Organización Mundial de la Salud, como "cancerígeno humano cierto".

Además, estos compuestos pueden ser fácilmente transportados tanto por agua como por aire, desde la incineradora que le dio origen a puntos muy alejados.

Más Problemas

En las plantas de incineración converge una gran variedad de desechos peligrosos: algunos provienen de las actividades industriales que utilizan o producen metales, solventes clorados, pinturas, productos farmacéuticos, agroquímicos, etc. Otros residuos se producen en hospitales y contienen material plástico descartable (PVC) y residuos patológicos. Además de provocar la emisión al ambiente de metales pesados y dioxinas, la tecnología de la incineración no destruye jamás el 100% de los residuos. Parte de ellos son emitidos al ambiente intactos. Además, algunos de los residuos que ingresan a un incinerador son muy volátiles y se escapan a la atmósfera durante su almacenamiento, transporte y manejo rutinario.

El transporte de los residuos peligrosos desde las industrias a los incineradores incrementa las probabilidades de accidentes durante su traslado. Un accidente en un camión que transporta desechos peligrosos podría tener consecuencias sumamente graves.

Control de las emisiones: MISION IMPOSIBLE

Las empresas de incineración aseguran un monitoreo continuo de los gases de las chimeneas pero omiten decir que las dioxinas no pueden ser monitoreadas continuamente. Apenas se puede -y de manera esporádica- tomar muestras de las emisiones y someterlas a análisis altamente costosos para conocer su contenido de dioxinas. Los organismos de fiscalización y control de nuestro país no están en condiciones de equipamiento técnico ni presupuestarias para realizar este control. De hecho, en la mayoría de los casos, las autoridades que defienden la instalación de estas plantas suelen destacar que las empresas mismas llevarán adelante un monitoreo de algunos gases, dejando así el control en manos nada menos que de quien tiene intereses comerciales en el funcionamiento del incinerador y resignando su obligación de proteger el ambiente y la salud pública.

Tampoco se ejerce control sobre el destino de las contaminantes cenizas que se generan por la incineración de los residuos.

Negocio verde

La incineración de residuos comenzó en EEUU y Europa Occidental en las décadas del '50 y el '60. La difusión pública de las evidencias científicas vinculadas a los impactos reales y potenciales de esta tecnología despertó la oposición de ciudadanos y oranizaciones que comenzaron a movilizarse para evitar su instalación. Estas movilizaciones lograron detener una mayor expansión de este tipo de industrias en América del Norte y Europa. Frente a este obstáculo y favorecida por las normativas

existentes, la industria de la incineración vio en América Latina, Europa del Este y Asia atractivos mercados para colocar su producto.

¿Cuál es la solución?

Para los residuos industriales

La incineración es una industria lucrativa que utiliza los residuos tóxicos como materia prima. Es así que la existencia de incineradores cierra un ciclo contaminante, en el que las industrias generan residuos eternamente y los incineradores tienen su negocio asegurado. Esto ha obstaculizado la implementación de alternativas de producción más limpias, sin generación de residuos tóxicos y con menor impacto sobre el ambiente y la salud. Las industrias deben adoptar compromisos obligatorios de disminución de los residuos producidos, en plazos y volúmenes concretos. Deben asimismo, rendir cuentas a la comunidad sobre los contaminantes que liberan al ambiente y los esfuerzos que realizan para disminuir el uso y la generación de tóxicos.

Para los residuos hospitalarios

Debe realizarse dentro de los centros de salud una estricta separación entre los residuos real y potencialmente infecciosos, de aquellos que no lo son. Hecha la separación el volumen de residuos a tratar es menor y esto es posible empleando tecnologías de esterilización menos perjudiciales para el ambiente.

Coalición Ciudadana Antiincineración

para contactarse con los representantes en las distintas provincias:
Greenpeace :llamar al tel/fax (011) 49620404 o escribir a Mansilla 3046, 1425 Buenos Aires.

En Santa Fe:

Taller Ecologista
CC 441 - 2000 Rosario - Telfax 0341-4261475

Email: info@taller.org.ar

Centro Ecologista Renacer
San Martín 851- (2919) VILLA CONSTITUCIÓN

Tel. 03400-476742/471640

Fax 03400-470450/470463

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